A Nivel de Cancha: La Odisea de Una Gesta Maravillosa

Texto enviado por José David García

Mi sentir

Ay¡ la Champions League, qué les puedo decir yo sobre este majestuoso torneo que ustedes no sepan, seguramente muy poco, o lo único que haría sería mencionar las mismas virtudes que ustedes ya conocen y que hacen de esta competición un espectáculo fantástico, maravilloso y fascinante.

Ultimamente me he descubierto a mí mismo como alguien extremadamente sentimental, ante las geniales noches mágicas de esta estupenda odisea que es  la liga de Campeones de Europa, lo cual, no me disgusta, al contrario, quiere decir que soy alguien exageradamente emocional, por lo menos con una de mis inclinaciones preferidas, y que me permite vivir con mucha facilidad, momentos memorables que seguramente quedaran grabados en mi baúl personal de recuerdos, recordándome que solamente los mentecatos, son los únicos, que no creen hasta el final.

La Champions, desde que tengo este gusto interminable por el juego, ha tenido este efecto en mí, y seguramente también lo tiene con la mayoría de ustedes que sean fanáticos de este paraíso, no los culpo, al contrario, los comprendo, entiendo y comparto esa acumulación de sentimientos que salen expresando un sinfín de exaltaciones a flor de piel, ante las grandes gestas y mayúsculas hazañas, como la que se vivió el pasado miércoles en el Camp Nou.

La neta del planeta, y perdón por ser, en esta ocasión demasiado meloso, he quedado completamente maravillado ante esto, aunque mi parte radical, muy dentro de mí, me dice todo lo contrario, que no puedo ser yo el que está escribiendo estas líneas en estos momentos, ya que el equipo catalán no es muy de mi agrado (ya ustedes sacaran sus propias conclusiones), pero no puedo dejar de conmoverme, por lo que paso en la ciudad condal, y que me hace sentir, como un maldito afortunado por poder observar una competición tan distinguida.

Análisis

Dejando de lado todo el sentimentalismo inicial que plasme en las líneas anteriores, lo que ocurrió tiene varias explicaciones, que por lo menos a mí, me hacen más fácil el poder entender, porque paso lo que paso, y entiendo que no lleguen a estar de acuerdo conmigo, ya que comprendo el estado de éxtasis en el que todavía, muy probablemente se encuentren aquellos que son fanáticos del cuadro culé, pero hubo una combinación de diversos factores que sirvieron, para que el equipo de Luis Enrique pudiera consumar el milagro.

Primero y aclaro, que yo no voy a hablar del árbitro, porque me parece un argumento muy pobre y barato, con el cual se busca manchar la proeza del Barcelona, y que sirve para despistar la atención, del espeluznante planteamiento, en cuanto a la intención, con el que Emery, buscó encaminar la eliminatoria, una en la cual, su equipo se graduó, como el conjunto pecho frio por excelencia.

¿Porque digo que el planteamiento desde la intención fue malo?, no lo digo por los nombres o por el famoso dibujo táctico, sino por la extrema pasividad, que los jugadores del conjunto parisino tomaron desde el inicio, probablemente uno de los compromisos más importantes de sus carreras profesionales.

Se vio un equipo completamente timorato, miedoso, asustadizo, e inclusive indeciso en si jugar con el miedo a no perder, o salir a buscar a liquidar una eliminatoria que, en el papel, parecía ya estarlo. El principal culpable de la debacle parisina, sin duda es Emery, ya que, como pasa en todo equipo, los jugadores, tratan de llevar a cabo lo mejor posible, el plan inicial del entrenador, aunque estos no están mancos, y si hubieran tenido la personalidad necesaria para ver que el partido no iba por los caminos más seguros, ellos dentro del campo pudieron decidir y gestionar de otra forma, el pasmoso primer tiempo que llevaban realizando, pero como en la vida y en el fútbol, él hubiera no existe.

Me parece más increíble cuando en la alineación titular te encuentras con tipos que están sumamente vinculados desde siempre con el balón, tales como: Verrati, Rabiot, Draxler, Cavani, Thiago Silva, Lucas, y el propio Di María, me hace impensable concebir que no pudieran marcar las diferencias, y que demostraran como conjunto, que estaban listos para graduarse como un cuadro potencia, pero como dije antes, la vida es así, ahora hay que ver si los jeques millonarios, tienen la templanza necesaria para aguantar este proyecto, después de la catástrofe y vergüenza que dio su equipo.

Finalmente llegamos al Barcelona, aquel equipo hace un par de semanas, lo calificábamos como un muerto, y al cual le quitábamos toda posibilidad de poder soñar, con aquello que a final de cuentas consiguieron, evidentemente por nunca dejar de creer, y porque el rival, fue tremendamente permisivo sobre el campo, pero eso no es culpa de los azulgranas, que, con más ganas y fe, que, con buen juego, fueron siempre hacia adelante tomando todos los riesgos que se tenían que tomar en el momento.

Sin ser aquella versión artística, perfecta e impecable del antiguo Barcelona que monopolizaba el juego y te arrasaba sobre el campo, pudieron sacar adelante una situación, que parecía irrealizable, y me atrevo a decir, que ni siquiera en los mejores días de esta mágica generación de futbolistas, hubieran podido conseguir.

Con un Messi la mayor parte del partido desaparecido como en la hecatombe de parís, el Barca fue valiente, intrépido y osado, e inclusive, aunque no lo pareciera, por ciertos lapsos, se sintió invencible gracias a que Neymar, pudo cargar con sus hombros en los últimos compases del partido, con las esperanzas del pueblo catalán, contando también en muchos de los goles, con la suerte y los errores necesarios del rival, para poder conseguir uno a uno, las dianas que le fueron dando paso a la leyenda de este conjunto.

Esas porterías junto con sus espectadores lo han visto todo, seguramente sintiéndose orgullosos, por tener a un equipo que, a dignificado el juego, nunca traicionando sus maneras, buscando la excelencia, la excelsitud, y hacer maravillas con el balón, maravillas que han maravillado a muchos, por más de una década.

Por eso me gusta la Champions, porque siempre nos regala escenarios magníficos, los guiones excelsos y por lo tanto los finales perfectos. Lo que paso el 8 de marzo en Camp Nou seguramente será un episodio irrepetible, y que nos demuestra que tanto en el campo de juego como en el mundo real, no existen situaciones imposibles, y que la vida, si uno se lo propone todos los días, puede ser generar su propia odisea, a una gesta maravillosa.

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