El Fanático: Dos Actos de Mucha Clase, Raro en el Deporte Profesional

DATO DEL DÍA. La cantidad de ligas de beisbol profesionales y universitarias (amateurs) que desarrollan sus temporadas en Estados Unidos, de Abril a Octubre de cada año, es muy grande, no solo son las dos Ligas Mayores, sino al menos otras cinco consideradas Menores y una decena más de torneos regionales de muy alta calidad con jugadores que no cobran, además de las independientes; la semana que viene nos ocuparemos de todas brevemente.

EDUCACIÓN. Hay quien confunde nivel socioeconómico con clase, cuando en realidad no tienen nada que ver, lo primero es solo una categoría social que se otorga o se adquiere de acuerdo a capacidad de compra o percepción de ingresos monetarios, mientras lo segundo es en verdad un asunto de educación, juicio y actitud correcta hacia los otros.

El deporte a veces, aunque no muy seguido, es escenario y ejemplo de ese tipo de situaciones, que denotan educación de parte de un atleta hacia otro o hasta de un equipo hacia un aficionado o la ciudad que le sirve de sede; y digo raro ya porque igual que en casi todos los ámbitos, la grosería y la falta de educación es la norma, justificadas en competitividad las más de las veces en el mundo del deporte, dentro y fuera del campo.

El primer caso lo vimos el domingo en el Gran Premio de Hungría de Fórmula Uno, cuando el inglés Lewis Hamilton al final de la carrera dejó pasar a su compañero, el finlandés Valteri Bottas, para que éste se llevara el tercer lugar, atrás de Vettel y Raikkonen, de Ferrari, con el podio y los puntos consecuentes de tal posición para el escandinavo.

A Lewis eso le puede costar caro, esos puntos que regaló podrían ser la diferencia al final de la temporada entre él y Vettel en la lucha por el campeonato, pero el británico hizo lo justo, porque era correcto regresarle a su compañero la posición que antes le había cedido y ya no tenía caso sostener, un gesto de clase que pocas veces se ve en el automovilismo, uno de los deportes con más celo y discordia entre sus protagonistas principales.

El otro caso se hizo oficial ayer cuando la oficina de los Cachorros de Chicago, campeones de la pasada Serie Mundial, anunció que Steve Bartman quizá ya tiene en sus manos un anillo del Clásico de Otoño, muy parecido al que se otorga a cada miembro de la organización, desde jugadores hasta oficinistas, y con esto cierra de tajo ese penoso episodio en el que buena parte de los habitantes de Chicago hicieron la vida imposible y hasta pusieron en riesgo la existencia de la persona señalada.

Bartman es aquel pobre aficionado que se supone echó a perder un elevado de foul en la serie final de la Liga Nacional de 2003, impidiendo que se convirtiera en out, lo que inició la debacle de los Cachorros ante Miami, quedándose en ese momento otra vez sin llegar a la Serie Mundial.

Después de lo anterior, Bartman no pudo vivir más en paz, tuvo hasta amenazas de muerte y su nombre se convirtió en parte de la maldición de los Cachorros; con un leve toque de clase y educación, el equipo en cuestión ha dado por cerrado el caso y de alguna manera ha reivindicado a Bartman, que quizá hoy ya pueda circular por Chicago sin querer pasar desapercibido y temiendo por su vida o integridad física. Hasta el viernes. Gracias.

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