EL FANÁTICO: Saints-Vikings, Un Juego Para No Olvidar Nunca

DATO DEL DÍA. Los Vikings jugarán por décima ocasión (y primera desde 2009) en su historia en la final de la Conferencia Nacional (NFC) el próximo domingo cuando enfrenten a los Eagles en Philadelphia, antes la han ganado cuatro veces pero nunca han ganado el Super Bowl y fue el primer equipo en perder cuatro ocasiones en ese juego.

GUIÓN DE CINE. Cuando la actual temporada de NFL comenzó, Case Keenum tenía un futuro nada prometedor, era apenas el tercer quarterback de los Vikings, atrás de Sam Bradford y Teddy Bridgewater, por lo que tenía pocas posibilidades de ver acción, salvo que hubiera algún partido completamente perdido o ganado por Minnesota en el que su entrenador en jefe decidiera mandarlo al campo para que tomara algunos centros.

Además, Keenum emigraba de los recién estrenados Los Angeles Rams, donde bajo el mando de Jeff Fisher había tenido una temporada en 2016 más que patética, pues había encabezado a la ofensiva con menos puntos anotados en promedio en toda la liga y una de las peores temporadas en ese sentido para un equipo en toda la historia de la NFL, simplemente Keenum llenaba el sueño de estar activo en la liga y cobrar lo mejor posible.

Con 10 segundos en el reloj, en su yarda 39 y sin tiempos fuera, Keenum lanzó un pase a su derecha a Stefon Diggs, uno de los dos menospreciados pero estupendos receptores abiertos de los Vikings (el otros es Adam Thielen), con la idea de que recibiera y se saliera del campo y con suerte dejara algún segundo para que viniera un intento de gol de campo de más de 50 yardas, un posibilidad escasa de triunfo en realidad para Minnesota.

Pero el safety de los Saints, el novato Marcus Williams, la tercera selección de Nueva Orleans en el Draft previo a esta campaña, exhibió su inexperiencia ya que temiendo un castigo si golpeaba al receptor por la espalda, fue a los pies pero muy posiblemente perdiendo de vista el objetivo, lo que hizo que Diggs cayera de pie al campo y con el espacio completamente abierto para irse hasta la zona de anotación en un final de película.

Dicen que la vida compensa y por lo menos esta vez Minnesota parece que recibió algo a cambio de un episodio en contra que lo marcó por años, el original pase Ave María (Hail Mary Pass), que surgió en Diciembre de 1975 cuando los Cowboys en duelo de postemporada dejaron en el terreno a los Vikings con pase dramático de Roger Staubach a Drew Pearson, con el reloj ya sin tiempo, inaugurando los pases desesperados para ganar, que casi nunca funcionan. Yo vi ese pase, pero este fue mejor, ganaron los de casa y aquella vez no, entonces el estadio enmudeció, esta vez se desató la locura, el éxtasis brutal del la victoria.

Lo inesperado de la victoria de los Vikings se reflejó en la cara de Diggs luego de anotar, pues durante varios minutos su rostro era de incredulidad, de impacto, como cuando se recibe una noticia inesperada que cambia la vida, y esa cara era en general la de la mayoría de los jugadores de Minnesota, incluyendo a Keenum, que logró, como dijeron muchos medios norteamericanos, “un triunfo para la historia”.

El final entre Saints y Vikings fue el cierre a un estupendo partido, con excelentes ofensivas y estrategias dignas de estudio, juego que vino a ser el mejor final posible a una jornada de partidos divisionales que comenzó el sábado con victoria clara de Patriots y otra muy apretada de Philadelphia, y tuvo un inicio estupendo el domingo en el juego donde Jaguars dejó fuera a Pittsburgh. Hasta el viernes aquí con más de la NFL. Gracias.

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