A NIVEL DE CANCHA: América y Su Estilo Ausente

Texto enviado por José David García.

El América tiene un estilo. Alejado de la espectacularidad y generosidad que exige la hinchada y que el propio entrenador ha pregonado a lo largo de su carrera, los azulcremas lo tienen. Con menos brillo. Con falto de juegos pirotécnicos y de serpentinas.  Con poco amor hacia el balón y con mucha garra, pasión y efectividad.

Porque el América no juega, corre. Su arma principal es el contragolpe, balones largos y buenas ejecuciones individuales. Le cuesta construir desde atrás y prefiere sacarse el balón de encima, estar bien parado y aprovechar las condiciones que sus figuras le proponen en ese mar de autopistas seductoras para correr cuando tienen la ventaja; la velocidad y habilidad despampanante de Renato y Cecilio, la inteligencia y sabiduría suprema de Oribe para dar pausa y su toque de calidad diferencial y la pegada de Mateus Uribe que esta como un verdadero cañón.

No es el América de Beenhakker, José Antonio Roca, Carlos Reinoso, Jorge vieira ni mucho menos el de la primera etapa con el mismo “Piojo”,  equipos osados, alegres, que trataban de llegar con mucha gente al área rival con un futbol trenzado, profundo, con altas posesiones, que denotaba alta calidad técnica y en ocasiones rozaba lo temerario.

No, no se parece a esos en lo más mínimo. Pero consigue semana tras semana, lo que en el juego es fundamental para vivir: la victoria. Porque no es un equipo brillante, pero gana. Su juego no enamora a nadie, pero es contundente. Su futbol es básico, precario y dependiente del juego físico, del roce y de la intimidación que Guido impone en un medio sector que tanto le costó dominar la campaña pasada. Pero con eso le basta para robarle la gloria a sus rivales.

Le falta un armador de juego. Un constructor. Alguien que tome la pelota de tres cuartos de cancha y mueva los hilos. La sala de máquinas. Que se acompañe y combine con sus compañeros cercanos. Oribe lo ha intentado, pero se aleja en demasía de su zona de influencia. Y por ende, del gol. La lejanía de Sambueza por momentos, cala hondo en el corazón de algunos “ames”.

Menez no lo ha sido. Su temporada ha sido una completa decepción. Marcada por su tardía llegada al equipo en un torneo ya iniciado, con falto de ritmo físico, poco compromiso defensivo, recaída en sus lesiones y molestias musculares y una probable y costosa adaptación a la cultura del país; idioma, comida, estilo de vida etc. Claro, todo esto visto desde la distancia.

La línea de cuatro no ha sido favorecedora. Mucho menos con un central habilitado como lateral como Vargas que ayuda mucho más en otros menesteres que en el tratar de ofender, dar amplitud, desborde y buenos centros. La partida de Samudio, por tratar de mexicanizar al equipo, no fue positiva en ese aspecto.

Este América busca ser sólido, defender lo mejor posible y aprovechar los momentos que se presenten. Nada ostentoso. Extraordinario y estupendo. Y digo nada fuera de lo normal porque en muchos pasajes del torneo, ha dependido de las atajadas de Marchesín para aguantar los resultados. Punto que deja en evidencia que las águilas no han defendido del todo bien como su nuevo estilo lo marca.

Extraordinarios o no, estupendos o no, con un futbol espectáculo o no, con un juego rácano, contracultural con la costumbre de la afición y que raya a veces en lo aburrido, al América le alcanza para ganarle el clásico joven a un apático y triste Cruz Azul, ser cuarto lugar general, estar en semifinales de Concachampions y por ende, tener chances para ganar el doblete.

Y para la afición, a veces es más importante oler la plata, que tener o no tener, un estilo ausente… y ustedes ¿Qué dicen?

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