A NIVEL DE CANCHA: Un Clásico Ibérico Sin Ataduras

Texto enviado por José David García.

La verdad sea dicha. El clásico parecía una película cómica. De esas que te sacan una sonrisa por lo jovial y bulliciosa en su andar. Sin tensión. Con poco drama y sin la sensación de angustia y nerviosismo que en otras ediciones, eran los sinónimos máximos para esta clase de partidos. Evidenció la falta en juego de algo importante. Los puntos y la lucha por el título. Fue un encuentro divertido, relajado, distendido y entretenido. Muy abierto. Se dejó en claro que lo único que les interesaba a los dos planteles era la lucha por el honor, el orgullo de sus aficionados y mantener sensaciones positivas para lo que queda en la temporada.

El Madrid fue superior. Generó más ocasiones de gol y obligó a comparecer a Ter Stegen. Sobre todo en el primer tiempo. Zidane sacó a la BBC y obtuvo lo que fue a buscar en un principio: velocidad por bandas, amplitud y verticalidad. Se vio muy estable y cómodo. Perdonó de forma reiterada a un estéril Barcelona que no tenía respuesta.

Benzema tuvo su mejor partido. Animoso e insistente. Pedía constantemente la pelota y procuraba la banda izquierda. Ahí, en donde se encontraba con su mejor aliado: Cristiano. Kroos dio un recital en el primer lapso y Marcelo que en ataque es una bendición, pero en defensa una calamidad.

Por derecha poco y nada. Bale estuvo disciplinado en retaguardia pero en cuestiones ofensivas fue un fantasma, a pesar de su golazo en la segunda parte. Nacho acababa de regresar de una lesión y se notó la ausencia de Carvajal. Modric estuvo bien. Batiendo líneas desde la conducción y encontrando conexiones con su gran toque. Casemiro, flojito. Recuperó algunos balones pero en otros, entró muy a destiempo.

A pesar de esto, el Barça pegó primero. Aprovechó un contragolpe orquestado por Luis Suárez, con una defensa muy adelantada del Madrid para la corrida al espacio de Sergi Roberto. Que puso un gran balón para el uruguayo que definió de gran forma.

El árbitro, bien gracias. Arruinó el partido y su trabajo. No expulsó a Bale por una plancha a Umtiti. No marcó una falta de Suarez a Varane en el gol de Messi y tampoco señaló un penal clarísimo a Marcelo de Jordi Alba. Y expulsó justamente a Sergi Roberto por una agresión a Marcelo.

Con uno menos, el Barcelona estuvo mejor. Se sintió más cómodo y pudo sentenciar el clásico. El ultimo de Andrés Iniesta. Que pasó desapercibido. Pero el Madrid lo empató con el trallazo de Bale y estuvo cerca de llevarse el resultado ante un Barça que supo sufrir.

No fue un partido descafeinado pero tampoco hubo angustia. Ambos se jugaban poco y ofrecieron buen espectáculo. Alejados de la presión y la necesidad, lo único que les interesaba eran cuestiones que demanda el maldito orgullo; Barcelona, quería mantener el invicto y restregarle en la cara a los merengues, en casa, su título de liga. Y el Madrid, deseaba quitarle la imbatibilidad en el torneo doméstico y dejar buenas impresiones rumbo a Kiev. No había nada más en disputa. Más que quitarse el miedo a perder y brindar un buen partido. Y así fue. Un clásico… sin ataduras.

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