A NIVEL DE CANCHA: Basta de Dramas

Texto enviado por José David García.

Seamos serios. Dejémonos de teatro. Con o sin Pizarro, con o sin Vázquez, con o sin Araujo, la Selección Mexicana está, para lo mismo en las Copa del Mundo: competir, mostrar avances de un estilo futbolístico y un crecimiento sustancial de sus figuras. Que el mundo vea que México puede llegar hacer un exportador confiable para las mejores ligas del mundo.

Históricamente México nunca ha dependido de un solo futbolista. De una figura. De una estrella. De un salvador que por condiciones naturales, sea superior al resto. Hemos tenido a Hugo Sánchez. Que si bien jugaba y brillaba en el Madrid, esa luz nunca la pudo trasladar al equipo mexicano. No era un futbolista lo suficientemente autosuficiente como para ponerse un equipo a su espalda y que fuera definitorio en momentos cumbre.

El juego y esperanza de la selección se basa en el conjunto. En el trabajo de equipo. El colectivo. De la suma de pequeñas partes que hacen bien su labor en específico dentro de un terreno de juego. Que son voluntariosos y fogosos en la disputa. Que no paran de correr y ayudar al de al lado. Que depende de un sistema bien establecido. Entendible. Claro y fiable. Que tiene bases lo suficientemente solidas como para competirle a aquellos equipos que individualmente son superiores.

Por eso las posibilidades de México no aumentan ni disminuyen con o sin Pizarro o el “Gallito”. Son exactamente las mismas: hacer un papel digno, generar esperanzas en base a un buen juego y así poder pasar al tan anhelado quinto partido.

Hoy, el máximo temor es que México no es un equipo fiable en conjunto. No se ve una forma de jugar. Un parado táctico que le de solvencia y contundencia al accionar del equipo. Esto genera que individualmente los futbolistas se vean mal. Con un nivel inferior con el que de verdad cuentan. Provocándoles desconfianza y generando que cometan errores infantiles y hasta inadmisibles para jugadores de primera división.

Juan Carlos Osorio tiene la soga al cuello. Sabe que haga lo que haga se le criticará y se le pondrá en la palestra como el peor enemigo público de un país que tiene otros asuntos más importantes que atender. Que juegue como juegue su equipo, se terminará yendo a otro lugar. A otro país. A otro fútbol con un nivel más elevado en cuanto a capacidad futbolística, metodología de trabajo, aprendizaje y calidad de vida. A lo que él estaba acostumbrado cuando comenzó en estos menesteres como preparador físico en el Manchester City.

Nunca le gustó la liga. Nunca se sintió cómodo con la forma de trabajar y de regirse por parte de los directivos. De la federación. De cómo se trabaja las fuerzas básicas. De que hubiera exceso de extranjeros. De que se pusieran expectativas excesivas a un equipo, que a todas luces, no tiene para cumplirlas. No tiene el material ni calidad para ser campeones del mundo. Por más que muchos intenten vendernos historias que no existen.

Basta de dramas. Ningún futbolista en el país tiene lo necesario como marcar las diferencias. Nunca lo hemos tenido y ha como van las cosas, no lo tendremos en el corto ni mediano plazo. No tenemos un Zidane, Messi, Maradona, Cruyff, Cristiano, Neymar o Griezmann. Un futbolista con condiciones que tanto ha añorado el fútbol mexicano.

Por eso hay que disfrutar del mundial. De sus estrellas, figuras y cracks que buscarán brillar. De gozar los partidos de la selección en su justa medida y no fanatizarnos. De entender que esto es un juego y dentro del mismo, llevamos desventaja por ser menos talentosos con la pelota en los pies. Repito, basta de dramas… y a disfrutar del evento más bonito del fútbol, que solo se vive cada cuatro años.

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