A NIVEL DE CANCHA: Los Reyes de Europa

Texto enviado por José David García.

El Real Madrid es campeón de Europa. Ganó su tercera Champions consecutiva y su cuarta en los últimos cinco años. Y lo hizo porque es mejor equipo. Tiene más experiencia. Es su competición. La que más le gusta. Su favorita. Su bálsamo para quitarse las penas de la temporada. Para hacer y ser historia. Seguir fomentado su leyenda y cumplir con las exigencias que el escudo demanda.

Sin mostrar un gran juego. Un estilo. Una idea futbolística atractiva. Pero no importa. El Madrid históricamente es un club de jugadores y no de entrenadores. Un equipo que no necesita de la táctica, estrategia y el planteamiento para ganar. Reponerse ante la adversidad y seguir levantando trofeos. Sino de la calidad individual de los extraordinarios futbolistas con los que ha contado a lo largo de su historia.

Las mejores épocas del Madrid han sido con entrenadores tranquilos. Que ven el fútbol de una manera simple. Con ideas básicas y que no se andan con rollos. Que le dan protagonismo al jugador. Que saben manejar vestuarios difíciles y a futbolistas con voluntades complicadas. Que van entre algodones, caminan entre nubes y no les interesa lo que se diga alrededor de ellos; sino ganar títulos, mantener contentos a los jugadores y cumplir con las expectativas.

No son los más tácticos ni los que entienden más sobre variantes. Pero saben manejar al recurso humano y convencer al jugador de hacer tareas necesarias para el colectivo.  Mantienen la calma,  manejan bien a la prensa y lanzan el mensaje justo. Con esa sencillez y pureza que da luz y calma en la tempestad que es el entorno en el cual se mueve el conjunto blanco. Del Bosque, Ancelotti, Heynckes y Zidane, En ese aspecto, son iguales.

Ahora fue Kiev. Conquistaron la capital ucraniana superando al Liverpool. Al equipo de Klopp. De Salah. A los que nunca caminan solos. Una escuadra que tiene la dosis justa de locura y electricidad para dinamitar un partido. Un equipo que no escatima en esfuerzos. Que quiere todo aquí y ahora. Que es urgente, carismático y amenazador. Que roba y ataca con una ferocidad y energía insaciables. Con un juego salvaje, pero que se escucha como los ángeles.

Los de Anfield fueron superiores los primeros 25 minutos. Fluidos, ordenados y confiados. Tenían mayor solvencia en su juego. Su presión feroz puso de nervios al Madrid que cometió muchos errores en la salida. Que tenía un juego estéril y mostraba puntos flacos. Pero la dinámica cambió. Con la lesión de Salah, el Liverpool perdió moral. Volvieron a su complejo de inferioridad que la normalidad de la previa marcaba y se echaron para atrás. La lesión del egipcio, iluminó al Madrid. Benzema hizo un partidazo. Recogía la pelota en el medio sector, Combinaba y proporcionaba superioridad en la zona central.

Los blancos recuperaron la sangre de campeón y volvieron a tener la pelota. Generaron un par y merecieron algo más en los últimos 10 minutos. La baja de Carvajal no les mermo tanto. En el segundo tiempo el Madrid salió con nuevos bríos y tras un infortunio gravísimo de Karius, Benzema dio la ventaja. El Liverpool se repuso rápido y en un saque de esquina Mané lo empató.

Zidane modificó. Le dio entrada a un Bale que había cerrado de forma fantástica la temporada y dos minutos después, hizo acto de presencia con una demoledora, excelsa y homérica chilena que será recordada por los siglos de los siglos.

Después de eso los blancos manejaron el juego. Buscaron la contra y liquidar con la velocidad de un Bale inspiradísimo y con la confianza en la nubes. Y con un sólido pero atajable remate, Karius volvió hacer el oso de la noche. El balón se le escurrió de las manos y el encuentro terminó siendo liquidado.

El Madrid lo volvió hacer.  Como en 1956. Como en 1957. Como en 1958. Como en 1959. Como en 1960. Como en 1966. Como en 1998. Como en 2000. Como en 2002. Como en 2014. Como en 2016. Como en 2017. Como en 2018… aumentando su leyenda y haciendo historia. Porque van a seguir. Como dijo Florentino Pérez al final del partido:” en este club no hay espacio para la auto complacencia”.

Y así debe ser. Con la exigencia a tope y entendiendo que este tipo de equipos tienen que vivir del presente y no de lo que fue. De lo que son ni de lo que fueron, sino de lo que pueden llegar hacer y lo que deben ser.

Se puede hablar de suerte, arbitrajes, de mal juego y de lo que quieran. Pero el Madrid es el rey de Europa. Sus triunfos así lo demuestran. Su grandeza y su mito se incrementan. Y así será… hasta que alguien demuestre lo contrario. Porque el Madrid no juega finales, las gana… y seguirá caminando firme en el camino de su tierra prometida.

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