A NIVEL DE CANCHA: Potentes Decepciones

Texto enviado por José David García.

Esta Copa del Mundo ha tenido como principal característica la paridad: cualquiera le puede ganar a cualquiera sin importar las diferencias de calidad, preparación y mentalidad. Hoy parece que es más fácil encontrar la victoria cuando a priori se sale a un terreno de juego sin interés en la misma.

Parece que la fuerza, esfuerzo y destrucción están por encima de la calidad, talento e imaginación individual. Tomar el protagonismo, monopolizar la pelota y querer instalarla en campo rival teniendo control absoluto de la misma, es un peligro. Los esquemas defensivos y conservadores han llevado ventaja frente al fútbol alegre y ofensivo.

Querer imponer condiciones desde el inicio de los encuentros al parecer hace referencia a la crónica de una muerte anunciada: si vas a ser el mandón, llegar con mucha genta al área rival y adelantar líneas constantemente, después atente a las consecuencias. Pues el fútbol de hoy no solo exige posesión, buenos gestos técnicos e intenciones. Ahora es necesario atacar con velocidad, sentido, rapidez y hasta simpleza. Facilitarle al jugador, por más capaz que sea, las maneras de ofender al contrincante, aun si este es muy limitado, para que no te agarren mal parado.

Este mundial es la clara muestra de que el juego exige cambios. Hoy la figura del entrenador toma un papel preponderante en el fútbol. Si el grande cayó contra el chico es por alguna razón o falla táctica. Por qué el técnico no supo explicar o transmitir el mensaje de forma adecuada. Pero eso le quita importancia a los verdaderos protagonistas del juego: los futbolistas.

España se derrumbó frente a una tosca y rocosa Rusia con una formula tan simple como antigua; defender en bloques bajos, líneas juntas y dos puntas para proponer por momentos, una presión en la circulación del medio sector. No tuvo imaginación y capacidad para dinamitar el partido y abrir una defensa bien parada que tampoco fue exigida ante el fútbol rácano y predecible de los ibéricos.

No tuvo alegría y emoción. Encanto y sorpresa. El tener más tiempo la pelota te da mayor probabilidad de ganar porque estas más cerca del arco contrario, y por ende, en teoría, puedes generar más. Pero no garantiza la victoria. No cuando eres poco inteligente y audaz para encontrar las debilidades de tu contrincante. Todas las luces iban dirigidas a Hierro.

Pero la realidad es que los que ejecutan y toman las decisiones son los jugadores. Y ellos, quitando aparte la responsabilidad del entrenador al ajustar y meter los cambios tarde, tampoco se revelaron ante la falta de condiciones futbolísticas, con coraje y gallardía.

Alemania, el campeón del mundo, sufrió una situación parecida. Equipo constante, regular, sabio y ganador. Parecía que la transición y cambio generacional se hacía en el momento y época adecuada.  Que la transformación en el estilo de juego y condiciones de sus jugadores la harían todavía una mejor selección.

Equipo dinámico y camaleónico. Capaz de tocar, circular el esférico por toda la cancha y acelerar en la última zona cuando hay campo para correr. Nada de eso funcionó ni apareció. En cambio se vio un conjunto cansado, avejentado y con pocas respuestas desde la banca. Con futbolistas incapacitados de representar al equipo nacional por su momento futbolístico y con la añoranza de rostros nuevos que por merecimientos, no fueron convocados.

Ni mentalidad, cabeza fría y estabilidad emocional. Ninguna de esas virtudes se notó en los campos rusos para los germanos. Cerraron su peor participación en la historia de los mundiales. Francia y Brasil siguen vivos. Instalados entre los ocho mejores equipos del mundo, no han mostrado ni cerca, el potencial colectivo que en sus filas ostentan. Mbappé por un lado y Neymar del otro. Ambos se han echado el equipo a su espalda y han definido el camino de la victoria.

Bélgica sigue sin mostrar mentalidad ganadora a pesar de darles la vuelta a unos insistentes japoneses. Argentina y Portugal teniendo a los mejores jugadores del mundo, no pudieron avanzar más de la cuenta. Ambos justificados por la falta de acompañamiento, pero la realidad es que fueron poco participativos e influyentes en el juego.

Los grandes han decepcionado por juego y resultado. Solamente falta esperar si con el paso de los días, la competición nos regala una sorpresa mayúscula, o los favoritos continúa adelante aunque las sensaciones no sean favorables. Al final, si se levanta el trofeo, los análisis previos y posteriores en el desempeño poco importan.

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