A NIVEL DE CANCHA: El Adiós de Cristiano, Hasta Siempre

Texto enviado pro José David García

Luego de nueve años, Cristiano Ronaldo deja al Real Madrid. Lo deja, y lo hace de forma valerosa. Tal vez no como muchos lo quisieran dentro de un mundo ideal romántico – con una despedida y una foto junto a sus trofeos y con la presencia de sus aficionados – pero lo hace con la cabeza alta. Con la conciencia tranquila de saber que dio todo de sí para entregarle resultados, títulos y goles, a una entidad que los reclama a cualquier futbolista que pisa sus territorios desde el primer día. Mas cuando se es un jugador que vive permanentemente cercano al área.

Por C. Ronaldo no quedó. Fueron nueve años de goles, títulos, trabajo, profesionalismo, liderazgo y mentalidad ganadora. Porque tal vez Cristiano ya no era el jugador autosuficiente de los primeros años. Aquel extremo que tenía la extraordinaria capacidad de recorrer 60 o 70 metros a máxima velocidad con y sin pelota y desbordar al que se le pusiera enfrente. Pero se había convertido en un depredador insaciable que liquidaba todo prácticamente a un solo toque. Y ese es su gran mérito. El saberse reinventar para seguir siendo útil y aportar a la causa.

Real Madrid pierde a un líder, eso es un hecho. A un tipo que nunca rehuyó la crítica, los momentos de presión y las crisis. Al contrario, las abrazó y las fundió como parte de sí. Las canalizó, las aceptó y después en la cancha, con su juego y sus capacidades de extraterrestre, las silenció y cerró la boca a muchos que día tras día siempre intentaron hundirlo por cualquier cuestión, por irrisoria que fuera. Ya sea deportiva e inclusive no deportiva.

Es un tipo ganador, con una mentalidad poderosa y aprueba de todo. Muy superior a la de sus rivales. Por esa razón, en muchos encuentros y eliminatorias, el Madrid salía avante. Por la personalidad y carácter triunfador por tipos como Cristiano. Que creían hasta final.

Cristiano se va. Sí, escúchelo bien, Cristiano se va del Madrid. Una decisión sorprendente pero esperada. Las señales estaban presentes y era imposible detener el vendaval mediático que se avecinaba con un mundial todavía en juego.

El Madrid, para bien o para mal, ha sido la única entidad capaz de eclipsar al mundial. Florentino, instalado en su ego y soberbia administrativa, estaba indispuesto a ofrecerle la subida de sueldo que tanto añoraba el jugador luso. Se la merecía, la verdad. A pesar de sus 33 años, Cristiano se había ganado ese derecho por las glorias del pasado, y por lo que todavía, podía y puede aportar a las necesidades de un equipo. Pero el club, estaba en su derecho de decir que no. Nadie está por encima de las instituciones. Y Cristiano, por más Cristiano que fuera, tampoco lo estaba.

Pero era una relación que estaba descocida desde hace buen rato. Ya no se llevaban bien. No se aguantaban. No se soportaban. No se querían. Florentino no estaba por la labor de aumentarle a 30 millones por temporada en su contrato, como CR tampoco estaba en las mejores condiciones para aceptar un trato que a su consideración, siendo la figura que es, era inaceptable.

Había poca esperanza que el problema se solucionara. El portugués quería otros retos y un cambio de aires al haberlo ganado todo como merengue, y el club, quería desde antes de terminar la temporada, hacer una renovación importante en la plantilla para construir el proyecto del futuro con nuevas caras y darle frescura a la entidad. Cada quien con sus ideas.  Es muy válido y aceptado.

CR7 representa lo más importante de este juego y lo que da trascendencia: el gol, y él lo tiene como pocos.

Se ha convertido en un banco suizo que resguarda como nadie las anotaciones. Algo que realza al jugador en estos tiempos en donde importa más las cuestiones cuantitativas que cualitativas y se voltea a ver las vitrinas constantemente. En cualquier lugar y a cualquier hora del día.

El fútbol es inmediatez. Es el día a día y los resultados que puedes producir en el corto plazo. Y en ese lapso corto de tiempo, no tengo la menor duda que el mayor perdedor en la operación es el Madrid. Porque era el estandarte, la estrella, el goleador. TU goleador y el que resolvía en los momentos cumbres para levantar los trofeos. Ahora, refuerzas a un rival directo por la Champions como lo es la Juventus, equipo que siempre ha sido del agrado del portugués y que le aportará la mentalidad ganadora que le ha hecho falta en los últimos tiempos para ganar la Copa de Europa.

La liga española también es una damnificada. Se terminó la eterna rivalidad con Messi. Algo sano y necesario. Que los hacía mejores. Más competitivos y con las ganas de superarse fin de semana a fin de semana. Que hacía prender los debates por saber quién es el mejor. Quien de los dos tiene un lugar más preponderante en la historia del juego.

Cristiano tuvo la capacidad de revelarse en los tiempos de Messi e instalarse en la conversación: “¿Será el mejor de la historia? ¿Ganando la Eurocopa con Portugal, ya tiene un sitio en la primera fila de la historia? ¿Con tres Orejonas consecutivas ya lo habrá logrado? ¿Con este gol de chilena en Champions ya lo es? ¿Ya es lo que siempre ha querido ser? ¿Es el mejor jugador en la historia del Madrid? ¿Ya está por encima de Di Stefano? Preguntas que jamás tendrán una respuesta unánime por X o Y razón.

No han pasado más de 24 horas desde su adiós y en España ya lo echan de menos. No es para sorprenderse ni sonrojarse.

Cristiano se puede ir en paz. Él no le debe nada al Madrid y el Madrid no le debe nada a él en el sano entendido de las dos posturas. Cada quien mirando por sus intereses y tratando de llevar la fiesta en paz sobre todo con los aficionados del club que son los que sufren y disfrutan con los triunfos de los blancos.

Un jugador que deja una huella imborrable en la casa blanca a tal punto de ser el mejor futbolista en la etapa contemporánea del club y posiblemente, el mejor de la historia en su totalidad de la entidad merengue. A ese punto llegó. Seguramente tienes cuerda todavía por andar. No es un hasta nunca, sino un… hasta siempre Cristiano.

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