A NIVEL DE CANCHA: Un Lugar Absolutamente Merecido

Texto enviado por José David García.

El Mundial de Rusia ha sido la mejor muestra sobre lo que venía contando hace un par de semanas en este mismo espacio: el trabajo colectivo, los esquemas conservadores y la preparación física – atlética se ha ido imponiendo poco a poco al talento. Ojo, esto no quiere decir que los grandes dejen de serlo y que los magnos eventos hayan dejado de ser de unos cuantos como la misma historia demuestra.

Es un hecho que las escuadras que siguen ganando son aquellas que cuentan con los mejores jugadores, que tienen más experiencia y bagaje en las últimas instancias. Pero también es indudable que algo ha cambiado. El juego se ha vuelto mucho más parejo a pesar de que las potencias siguen llegando a las instancias decisivas; les cuesta más trabajo adherirse a ellas y el drama ha sido un escenario constante en los panoramas tanto de clubes como de selecciones.

Esta copa del mundo ha renovado nuevamente las expectativas. Nuestra capacidad de asombro volvió a la luz y nos dimos cuentan que todavía la conservábamos en lo más profundo de nuestro ser. Croacia ha sido la selección abanderada de ese sentimiento.

En un fútbol atascado de explicaciones científicas, tanto tácticas como estratégicas de cómo llegar a la victoria, surgen ejemplos que comprueban que la solución también pueden ser aquellas que emanan del sentimiento, el orgullo, la gallardía, el coraje y sobre todo del corazón. Los croatas le demostraron al mundo hasta donde un equipo puede llevar al máximo de sus capacidades mientras se tenga el carácter necesario para afrontar los escenarios de máxima tensión.

El equipo balcánico no es un ejemplo de un magnífico proyecto deportivo, sino de la personalidad de una generación fortalecida tras las secuelas de la batalla de la guerra. Prácticamente todos los integrantes de esta generación vivieron en carne propia los efectos que puede dejar un conflicto bélico y como se puede desangrar una nación por el egoísmo de unos cuantos.

Croacia ha demostrado hasta donde se puede llegar sabiendo combinar y canalizar el coraje con el talento. Su virtud colectiva ha sido la de ser una escuadra valiente, solidaria, trabajadora, segura de sí misma y sumamente responsable. Su futbol ha sido efectivo, seguro, compacto, por momentos rudo pero muy capaz en la última zona.

Su trascendencia no solo tiene que ver con una cuestión mental sino de calidad con la pelota. Croacia llegó hasta este sitio porque sus futbolistas se encuentran en la mejor exposición y competencia que un futbolista profesional puede tener. Modric en el Madrid, Rakitic en Barcelona. Brozovic y Perisic en el Inter. Lovren en el Liverpool. Mandzukic en la Juve, Vrsaliko en el Atlético Madrid y Kovacic también en el Madrid. La máxima competencia les ha otorgado ese estirón que cualquier país desearía.

No como otros que piensan y sueñan en cosas chingonas, pero que no ejecutan para tener ese lugar en el punto álgido del balompié y continúan en un estancamiento eterno en el mismo agujero negro de siempre.

Los croatas son justos finalistas. No importa el pretexto que les quieran poner; que su cuadro era más sencillo, no dejó a los grandes candidatos en el camino, su fútbol no ha sido digno de admirar y demás banalidades para siempre demeritar los logros de los pequeños.

Francia es el favorito sin duda. Cuenta con un plantel más completo en todas las líneas, son más veloces, más solventes en defensa y tiene futbolistas más capacitados en la última zona de la cancha.  Pero no se puede negar el enorme corazón mostrado por un país tan chico con tan solo cuatro millones de habitantes. Algo no visto desde la doble proeza de Uruguay en 1930 y 1950 cuando conmocionaron al mundo al vencer 1-2 a Brasil en el mítico maracaná.

No se trata de si te derriban, se trata de si te levantas, decía el legendario entrenador Vince Lombardi. Los croatas, basados en la terquedad bien entendida, lo han hecho las veces que han sido necesarias. Señal inequívoca que la personalidad, el coraje, la gallardía, el carácter y la valentía, siguen siendo valores muy importantes para seguir ganando en un juego que a la distancia, se ha vuelto demasiado teórico y de manual.

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