A NIVEL DE CANCHA: Explota Lainez con el América

Texto enviado por José David García.

Desde su debut hace un par de años bajo el mando de Ricardo La Volpe, Diego Lainez ya mostraba indicios de que podía ser un jugador diferente. Si, de esos que tienen la facultad de cambiar el destino de un partido por si solo y de ponerse a su espalda la responsabilidad de conducir a un equipo hacia la victoria.

Un niño con alma de adulto y cabeza de sabio. Alguien con la capacidad suficiente para tomar la mejor decisión en los últimos metros de la cancha en la mayoría de las ocasiones. Independientemente si es para asistir, marcar o simplemente retardar la jugada. Una faceta que por lo general la mayoría de futbolistas a una edad prematura, tienen como último aspecto por perfeccionar: la definición.

Pero Diego ya iba adelantado al proceso natural de metamorfosis de todo jugador. Un zurdo muy zurdo que puede jugar por los dos costados y encarar al que le pongan enfrente sin ningún empacho y timidez. Que cumple a carta cabal sus labores y aporta ese extra para derrumbar todas las murallas defensivas.

Si juega a perfil natural, es dinámico, rápido, punzante… eléctrico. Recorre los metros necesarios para desbordar al que se le ponga en el camino y asistir de la mejor manera posible. A pierna cambiada es un demonio. Cada jugada es una calca exacta de la anterior: llevar la pelota pegada al pie, recortar hacia adentro, abrir huecos y buscar el disparo. Es tan descifrable como improbable: todos saben lo que va hacer pero nadie es capaz de detenerlo. Y en eso radica su valor diferencial para la aspiración colectiva.

En esa virtud individual se allanó la victoria grupal de un América ecuánime que supo pegar en los momentos precisos ante un Pachuca gris y desdibujado que se perdió en su lentitud y poco acierto en el pase para enhebrar jugadas en el medio sector.

Un América que sigue sin deslumbrar en base a un gran juego colectivo, pero que está siendo lo suficientemente efectivo como para seguir trabajando con la calma que otorgan los resultados. No es muy ofensivo ni genera un juego muy agradable ni llamativo, pero tiene mucha pegada y es contundente en momentos puntuales.

Lainez fue la llave que abrió el cerrojo del encuentro y mostró esa pegada. Un partido de muchas imprecisiones, con un medio campo partido y de dominio alterno. En el primer cuarto de juego el joven maravilla del América se instaló por derecha. Controló el balón, se dispuso a encarar a su marcador y posteriormente exhibirlo como una marioneta sin hilos que iba a la deriva por la velocidad en la que el joven azulcrema movía la pelota. Con un amague se lo quitó del camino y con un zurdazo monumental mandó el esférico a la base del palo y después al fondo del arco.

Luego, ya en la parte complementaria, bajo la lucha y voluntad incansable de Oribe Peralta, llegó el segundo. El delantero americanista presionó al defensor rival que, con un pésimo manejo, le permitió al hermoso encontrar el hueco para robarle la pelota, conducir, pensar y descargar al mejor receptor. Ahí donde estaba ya Lainez preparando su pierna zurda para liquidar con el fusil al portero Alfonso Blanco.

Ya con el juego encaminado, el América se movió cómodamente en el campo. Oribe volvió a tener el protagonismo desde la administración de los tiempos. Ya con sus años y experiencia, es un tipo con mente de estratega. Alguien que piensa tan meticulosamente que sabe acomodar a sus compañeros en la cancha y tomar siempre la mejor determinación. Con esa sabiduría, cayó el tercer gol por obra de Peralta luego de cinco meses de no anotar con las águilas. Se libró de su sequía goleadora y lo celebró por todo lo alto en los aires del Hidalgo.

Diego Lainez tiene un buen presente y un gran futuro. Básicamente fue la pieza clave que desatascó el partido y que hundió por si solo a un Pachuca perdido e inexpresivo. Solo necesita confianza y jugar con más regularidad en el campo para que pueda culminar su proceso y sea una realidad. Pero la pregunta aquí es, ¿Cómo logrará esa madurez definitiva? ¿Cómo conseguir que no se pierda en el camino y sea una realidad para el fútbol mexicano? La respuesta parece sencilla: jugar y que su entorno lo arrope correctamente.

Pero la práctica es más complicada. Han existido muchos ejemplos en nuestro fútbol de jugadores que aspiraban a una gran carrera y que luego quedaron en el olvido por malos manejos fuera del campo, como no para pensar que si se puede perder y quedar como uno más y no ser la figura que se espera. Será tarea de Miguel Herrera que Lainez lleve un proceso deportivo adecuado y vaya obteniendo experiencia e importancia en el equipo. Pasó a paso y poco a poco. Para que pueda alcanzar… su explosión definitiva. Una que ya dio una pequeña muestra en el Hidalgo de lo que podría ser si se maneja de forma adecuada fuera del campo a lo largo de su carrera.

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