EL FANÁTICO: Incoherencia Televisiva

DATO DEL DÍA. George Plimpton, fallecido escritor estadounidense, fundador de la revista Paris Review, publicación muy respetada para seguidores de la Literatura, fue cercano a los deportes, escribió artículos para Sports Illuustrated y una novela llamada “Paper Lion” (León de Papel), que surgió luego de que asistió por semanas al campo de entrenamiento de Detroit de la NFL, como supuesto aspirante a quarterback.

JUICIO GROTESCO. El domingo pasado en la transmisión del partido de futbol entre Guadalajara y Toluca, vimos otra vez esa detestable faceta de los comentaristas y narradores de la televisión abierta, en este caso de Televisa, que en grupo y sin más argumento que su juicio personal, descalificaron sistemáticamente al árbitro del juego, el sinaloense César Arturo Ramos, quien no tuvo mal papel en el Mundial reciente.

Antes que nada quiero aclarar que este comentario no corresponde al hecho de que yo viva en Sinaloa y mucho menos a esa tendencia, generalizada en nuestro periodismo deportivo, de alabar ciegamente a atletas u otro tipo de protagonistas del mundo del deporte, por el hecho de ser nacido o vivir en Sinaloa, lo cual siempre me ha perecido impropio y necio, no se diga errado en el sentido periodístico por su falta a la objetividad y vulgar ramplonería.

El hecho es que el árbitro expulsó al portero de Toluca por un insulto en una jugada común, decisión que de inmediato fue cuestionada y descalificada por el grupo de comentaristas y narradores de la empresa ya citada, “argumentando” que era exagerada y que al sinaloense “le gustaba el show”, lo que me atrevo a interpretar como una acusación de que le gusta ser protagonista más que los mismos jugadores, entre otras afirmaciones descabelladas.

Solo uno de ese equipo televisivo, el exárbitro Brizio, tuvo la coherencia de decir que la decisión de Ramos era correcta, incluso reclamó a sus compañeros el hecho de la crítica sin fundamento, puesta por arriba de la acción que provocó la marcación del juez principal del encuentro, lo que sirvió de poco pues no solo hicieron caso omiso del comentario de su compañero, sino que siguieron por minutos acusándolo de cuanta cosa ocurría en el campo.

Una vez más un grupo de llamados periodistas deportivos antepone su juicio personal ante algo evidente: hubo un insulto y de acuerdo al reglamento, el árbitro actuó en consecuencia y con la autoridad que tiene en el terreno de juego, pero para los narradores y comentaristas estaba errado, porque tuvo la osadía de expulsar a un jugador clave, lo que en este país, según muchos, es un error, pues ese tipo de futbolistas son intocables, impunes e inmunes.

Este incidente deja claro un vez más mi señalamiento desde hace tiempo: los medios mexicanos han creado monstruos a partir de simples futbolistas, que por buenos o hasta brillante que sean, no tienen más derechos dentro del campo y en cualquier otro ámbito que cualquier otro ciudadano, sin embargo, ellos han hecho creer lo contrario a millones de aficionados y no se diga muchos futbolistas, que arropados por los medios, se creen dioses.

Retar a la autoridad o ignorarla, se tenga o no argumento, solo bastando ganas de hacerlo, es la norma que ha destruido el tejido social en este país; y situaciones como la descrita, no abonan nada para mejorar nuestra sociedad; llegaron en el Mundial, en otra televisora, luego del triunfo mexicano ante Alemania, a referirse a los jugadores nacionales como “esos dioses”, así de ridículos.

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