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Futbol a Fondo

Textos enviados por José Luis Pérez.

dorados-logo.jpgHasta Luego, Hugo

No cabe duda que, como dicen por ahí, “la culpa no la tiene el indio sino el que lo hace compadre”. La directiva de Dorados se ha dedicado sólo a darle golpes bajos a su mismo club.

La salida de Hugo Fernández no obedece más que a la falta de tacto de la cúpula sinaloense. Nunca pudieron soportar a una persona sincera y poco sumisa que lo único que hizo fue llevar a la cumbre a una oncena que tenía un pie y medio en el abismo.

Nada justifica la llegada de Juan Carlos Chávez al timón, ni sus grandes números con el equipo ni el agradecimiento que la afición siente por él. Tal vez hubiera estado justificada hace más de un año, con la salida del poco grato José Luis Saldívar y del aún desconocido Jaques Passy.

No sólo son los números, ni los resultados, ni el estilo de juego. La salida de Fernández cala porque es el único estratega que ha tratado de hacer de Dorados un club “profesional”. Solamente él puso el grito en el cielo por las malas canchas en que entrenan los jugadores; se ha solidarizado con ellos por la falta de seriedad de los directivos al momento de pagar sueldos; ha criticado la falta de objetividad en varios medios de comunicación locales, acostumbrados a la nota fácil y al amarillismo antes de la ética y la razón.

Ahora, sólo nos queda pensar que Chávez va a lograr lo que el uruguayo estuvo cerca de conseguir, puesto que de no hacerlo los cuestionamientos caerán sobre las cabezas de aquellos que ahora se regocijan con la partida de Hugo, un caballero en toda la extensión de la palabra.

En su momento fueron las salidas del mismo Chávez y de Carlos Bracamontes; también la intempestivas partidas de Pedro Iarley, Paulinho, Carlos Casartelli, Christian Patiño, Óscar Rojas y José Luis Real; las malas contrataciones de Jaques Passy, Josep Guardiola, Juan Manuel Lillo, Ángel “Matute” Morales, Jonathan Fabbro, Leonardo Tambussi, Facundo Bonvín, Arlindo Maracaná y Alexander Guimaraes; por desgracia, la lista de fracasos y escándalos en el seno dorado sólo aumentan día con día y, si se mantiene está línea, Dorados perderá también lo único que le queda de tanta polémica: su afición.

fotofijasoccer5.JPGFiguras del olvido

Escasas son las actuales figuras en el futbol mexicano. Por ello, hay que reconocer a las estrellas pasadas que nos marcaban la pauta de un mejor nivel para la Liga.

Ahora que se pusieron de moda los homenajes a los jugadores históricos, con la aparición de Salvador Reyes en el Chivas-Pumas, me parece que la misma situación debería de hacerse con dos hombres que, cada uno en lo suyo, son históricos en varios clubes y en nuestro balompié: don Ignacio Trelles y Evanivaldo Castro, “Cabinho”.

Del primero no hay objeción. Por principio de cuentas, Trelles es el entrenador con más títulos de liga en futbol mexicano. Bajo su mando, tres equipos fueron bicampeones (Zacatepec, Toluca y Cruz Azul), además de una corona más con el Marte. Además de esas siete copas, don “Nacho” la oportunidad de dirigir a México en dos Copas del Mundo (1962 y 1966), siendo el primer estratega en la historia del Tricolor en ganar un partido mundialista, frente a Checoslovaquia.

Siempre polémico, Trelles fue un personaje referente del futbol mexicano. Ganador, enamorado de su profesión y todavía activo en la Máquina de Cruz Azul como enriquecedor de las nuevas generaciones, Ignacio no ha recibido un homenaje en vida como se debiera, al ser el técnico más triunfador de nuestro balompié.

El otro, aunque no es mexicano, es el máximo anotador en la historia de la liga. Era conocido como “Cabo” o “Cabinho” debido a su gusto por vestir ropa de camuflaje militar.

Llegó en 1974 para enrolarse con los Pumas de la UNAM, y se fue en 1988, tras dos temporadas con los Tigres.

En esos 14 años, el brasileño marcó 311 goles y se coronó campeón de goleo en ocho ocasiones diferentes, cuatro de ellas con Pumas, tres con Atlante y una más con León. Además, es el máximo goleador de los Potros y de los universitarios, situación que se ve difícil de igualar.

No importaba de que forma se debiera meter un gol. Su enorme capacidad y su contundencia lo hacia imponente ante los rivales, quienes terminaban doblegados ante su fuerza y su corpulencia física.

Así, estos dos grandes personajes de la liga deberían ser parte de una serie de reconocimientos, pues por desgracia ni a la Federación Mexicana de Futbol ni a los clubes donde prestaron sus servicios les ha interesado en agradecer tantos momentos de gloria y éxitos.

Los olvidadizos de nuestros directivos deberían de ocuparse por fomentar este tipo de actividades, pues si ahora está vacante el espacio de figuras, es gracias a su falta de tacto y memoria.

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