Futbol Soccer

Adiós al Romanticismo

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Texto enviado por José Luis Pérez

La poca seriedad que existe en el futbol mexicano provoca que el aficionado se olvide de ir a los estadios, sin contar que éste también ya es parte del fastidioso “pago por evento” televisivo.

La magia del balompié ha radicado, básicamente, en lo que sucede alrededor de él. Una de esas cosas es el fervor de ir a un estadio, apoyar al equipo que lleva uno en el corazón y sentir aquellas contradicciones que los resultados dan en el orgullo propio.

El romanticismo del futbol mexicano se centraba en esa complicidad. Aficionado y club se entremezclaban en un coctel pasional que daba como resultado la inexacta virtud de serle fiel a los colores y al escudo. Tribunas llenas, poca violencia, porras familiares y una tradición dominguera al medio día hacían de la Liga Mexicana una postal de fervor con dedicatoria para el resto del mundo.

Pero todo ello cambió con el paso de los años. La llegada de la televisión y la interferencia de ésta sobre decisiones provocó que lo bello se convirtiera en plástico. El hacer todo tipo de circo con tal de tener al público frente a la pantalla motiva que las transmisiones de partidos y torneos tomaran más relevancia que el estar presentes en dicho evento.

Además, la importación de tradiciones dañinas como la inconsciente crueldad de las barras sudamericanas, el turbulento carácter de los hinchas europeos y la poca intención de mantener valores propios terminó por poner de manifiesto la falta de cultura para todo lo que suene a deporte en nuestro país.

Ahora, hasta muchas ciudades del interior no pueden ver a sus equipos locales por causa del llamado “pago por evento”. Los clubes, siempre pensando en el negocio antes que los aficionados, hicieron de las suyas con los sistemas de cable, cerrando la señal. Resulta hasta cierto punto patético pensar que si estamos en Guadalajara podamos ver un encuentro de Tigres como local por televisión abierta, mientras que en Monterrey no lo puedan hacer.

Todo ello deja como saldo menos gente en los estadios cada temporada. Por desgracia, este mal sigue a la alza, pues la exagerada venta del balompié en el mercado nacional solo causa que haya menos interés por parte de los dirigentes.

Por lo pronto, a los aficionados nos queda entender los males de la “globalización”.

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