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Brett Favre

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El mejor quarterback de la historia ha dicho adiós a la NFL, luego de varios años de intentarlo. Brett Favre finalmente dijo lo que se esperaba pero no se deseaba. El martes se supo la noticia, ayer fue oficial en una conferencia de prensa.

Y nos puso en aprietos, pues es muy difícil decir algo de Favre que no se haya dicho hasta el cansancio en horas recientes: halagos, estadísticas, adjetivos, comparaciones, recuerdos. Pero para mi, Favre se resume en un concepto y así lo voy a recordar: entrega total.

Cuando llegó a Green Bay tenía pocas esperanzas de llenar el sitio que alguna vez fue de Bart Star, quien llevó a los Packers a ganar los dos primeros Súper Tazones, siendo además en ambos el más valioso. Quizá apenas Favre soñaba con hacer carrera luego de un año no muy vistoso en Atlanta. Tal vez con un poco de suerte, al final de su vida deportiva sería mejor que otros quarterbacks del equipo emblema de la NFL, como Lynn Dickey y Don Majkowski; el primero estelar en los años 80 y el otro en el inicio de la siguiente década.

Pero Favre apenas tuvo oportunidad y demostró que Mike Holgrem, coach en Green Bay, tuvo mucho mejor ojo que el coach que encontró en su única campaña con Atlanta. Jerry Glanville no aprobó la elección de los Falcons en el draft de 1991 para conseguir los servicios de Favre; incluso llegó a decirle a la prensa de Atlanta que primero podría estrellarse en un avión antes que ponerlo a jugar. Se tuvo que tragar sus palabras muy pronto y durante las 16 campañas posteriores a su falta de olfato para detectar el talento.

Tres premios MVP; un triunfo en dos oportunidades en Súper Tazón; números en cuanto a pases de anotación, juegos consecutivos iniciados, yardas por aire y muchos departamentos más, que lo hacen el mejor de la historia; pero sobre todo, esa sonrisa contagiosa y eterna jugada tras jugada, partido tras partido, año tras año, esa sonrisa que nos decía que disfrutaba todo, cada instante en el terreno, hasta el frió de Green Bay y los golpes del rival.

Y pregunto si será posible olvidar, al margen de los números, a un tipo que vivió y se levantó de las tragedias familiares con ese disfrute que nos transmitió tantas veces con esa sonrisa de ganador. Creo que nadie que lo haya visto jugar una vez al menos, olvidará a Brett Favre.

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