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Dorada Irresponsabilidad

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El 29 de Mayo de 1985, el estadio Heysel de Bruselas, Bélgica, recibió la final de la Copa Europea de Campeones, hoy conocida como Champions League, con el Liverpool, de Inglaterra, y el Juventus, de Italia, como contendientes. Antes del juego, una estampida de aficionados ingleses obligó a cientos de asustados fanáticos italianos a replegarse contra una barda, que luego de unos instantes cedió con la presión y abrió un abismo de cuatro metros aproximadamente, por el que cayeron centenares de personas. El saldo fue de 39 muertos, muchos de ellos niños, que fallecieron asfixiados por aplastamiento. La búsqueda de protección, ante el pánico generado por los hooligans, los llevó a la muerte.

El sábado pasado en el estadio de los Dorados, un grupo de animales con apariencia humana, mostraron que la violencia, herencia de la cultura del narco en esta ciudad, sumada a la ignorancia, forman un problema más profundo de lo que muchos piensan y que consiste en el hecho de que muchos culiacanenses no pueden arreglar diferencias si no es con violencia.

Si esa enfermiza actitud de varios miles en esta ciudad, se junta con la negligencia más evidente, de parte en este caso de la directiva de los Dorados, que en ese momento era todavía la empresa ProFutbol, se pueden crear situaciones que pueden repetir el caso ya citado ocurrido en el estadio Heysel, hoy ya demolido. Y no es ningún momento exageración, el sábado pasado los aficionados del León, grupo que incluía niños y mujeres, corrieron mucho peligro, tanto como el que experimentaron 39 italianos que hoy ya no existen. Por fortuna para esas personas que visitaban Culiacán, no se repitió la historia.

Por un lado la tremenda ignorancia e intolerancia de unos aficionados que creen que ser sinaloense es ser bronco y violento; por otro, la ineptitud de una directiva que nunca se ha preocupado por hacer seguro el estadio del equipo que maneja; por otra parte, la ineficacia de un grupo de seguridad que jamás ha servido para poner orden en la casa de los Dorados; por otra, la lentitud en la reacción de la seguridad pública; y finalmente, la ceguera del Ayuntamiento para permitir espectáculos que no cumplen con la seguridad mínima requerida.

Pero como sucede en este país, no pasará nada. Los dueños de los Dorados se exculparán diciendo que era Pro Futbol quien manejaba el equipo todavía el sábado y esa empresa no creo que dé la cara, pues ya no tiene nada que ver al parecer con el club. La seguridad privada no dará explicaciones por su ineficacia pues como empresa privada dirá que no está obligada. No habrá explicaciones de parte de la seguridad pública que estuvo en el estadio, ningún ciudadano es quién para cuestionar. Menos todavía alguien de la administración municipal se encargará de investigar qué pasó y por qué razón. Y mucho menos alguna autoridad se tomará el tiempo para identificar a los agresores de la gente de León.

Nadie sancionará al club, ni al estadio, ni a la directiva. La Femexfut se hará la sorda, igual que el ayuntamiento. Todo pasa, total, estamos en México y esas cosas no importan. No murió nadie, dirán todos los responsables; no exageres columnista, ocúpate de otras cosas.

Intolerancia, ignorancia, negligencia, impunidad, elementos de la realidad mexicana, que se refleja bien clara en nuestro futbol, en especial entre quienes lo manejan.

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