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Grande Siempre, Ronaldo

ronaldo.jpgTexto enviado por José Luis Pérez.

Cierro los ojos, creo que nada de lo que sucede es cierto. Un gesto de dolor no es suficiente para dejar en claro la enormidad de mis pesares. Antes eran otras magias las culpables, ahora mis piernas han flaqueado en el terreno de mis infortunios.

Presiento lo peor. Las experiencias pasadas así me lo han predicado y no puedo pensar más que en abortar estos sueños gloriosos, que tan contratantes han matizado el tumultuoso sendero donde he recorrido mi destino.

Aún puedo cerrar los ojos y acordarme de mi entrañas. Mi tierra que endulza con un sabor a guaraná mezclado en finas porciones con carnaval y samba. Mi figura regordeta llenaba más las porterías de balones que mi prominente perfil las ceñidas camisetas. Eran campos llenos de polvo, risas, y fieles admiradores de una pasión.

Por desgracia, la plata brilla más que la memoria de un sabio. El prestigio y el dinero, a veces tan codiciados, no son más que los primeros que se pelean con la sencillez del alma y el espíritu. No es normal, pero ocurre con más frecuencia que las sonrisas sinceras.

Pude poner mis pies en la parte del mundo donde mi soberbia dictó. No hay persona que no reconozca mi nombre sin que se le venga a la mente la impactante perfección de mis talentos. Ahora, mi futuro próximo está en las manos de una ciencia tan inexacta como frívola.

Del otro lado del cristal, las cosas se miran tan diferentes. Las decisiones hay que tomarlas de tajo y no sé si sea el momento apremiante. Decir adiós es tan triste como desesperante. Uno quiere continuar, pero la pesadez de las desgracias reclaman el descanso.

Espero que la eternidad y la gratitud algún día me guarden un pequeño lugar en el rincón de los héroes. Aquellos que pretendieron dar el más grande de los anhelos: ver feliz a su gente, a todos los que tuvieron que dejar para realzar el valor de sobrevivencia y actitud.

Si es que el creador me da la oportunidad de volver y envolver con mi actitud los sentimientos de quienes me reconocen, juro que nunca echaré por tierra la amistad del que ha sido mi compañero de andanzas y deleites: el balón.
Antes fui Ronaldo, aunque ahora parezco ser solamente Ronnie. Espero que, con la justicia como escudo, después pueda llamarme “Inmortal”

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