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Malas Experiencias

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Texto enviado por José Luis Pérez

Era el mes de diciembre del año 2001. Paraguay vivía momentos de incertidumbre a pesar de que ya había calificado a la Copa del Mundo de Corea-Japón 2002. Su entrenador, el charrúa Sergio Markarián, había sido sustituido unos meses antes de la justa por presuntos problemas en el vestuario, aunque se supo que fue por un enfrentamiento verbal con el vicepresidente de la Asociación Paraguaya de Futbol, Antonio Colmán. Tras esos líos inesperados, los directivos guaraníes decidieron contratar a un entrenador de renombre mundial, que tuviera otro estilo de juego y que le diera cierta publicidad a la escuadra sudamericana.

Fue entonces que se dio la llegada del flamante estratega italiano Cesare Maldini, quien unos años antes había dirigido a la escuadra azzurri en Francia 1998, además de haber sido monarca del mundo como asistente en España 1982 y tricampeón europeo Sub-21. Su llegada, más que traer adeptos, sólo empezó a crear problemas con aquellos homofóbicos que abundan por este mundo.

Para empezar, Darío Núñez, presidente de la Asociación de Entrenadores de Futbol de Paraguay, solicitó al Ministerio del Interior que Maldini fuera expulsado del país, señalando que estaba violando las leyes de inmigración al firmar un contrato de trabajo teniendo sólo visa de trabajo.

Después, fue abucheado tras una goleada ante Inglaterra (los jugadores no pusieron mucho de su parte durante el encuentro), criticado por no querer convocar a jugadores con problemas con la Federación Paraguaya. Inclusive, sus futbolistas realizaron varias rebeliones, criticándolo en varias ocasiones por sus decisiones y reprochándole a Chilavert su apoyo hacia el italiano.

Todo eso terminó como comenzó. Paraguay logró calificar a la siguiente ronda del Mundial, pero en octavos de final fue eliminado de último minuto ante Alemania, que a la postre sería el subcampeón. Cesare regreso a entrenar a su país, mientras que Paraguay volvió a probar suerte con técnicos sudamericanos.

Que esa historia no se repita en México con la llegada del sueco Sven-Goran Eriksson. Muchas son las voces que ya lo critican sin haberle dado la oportunidad de dejarlo trabajar. Espero y su experiencia sea más fructífera que la de Maldini.

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