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MLB, NCAA Football, NBA: Tres Casos de Verdadera Pena Ajena

Ozzie Guillén. Pensar y expresarse libremente es un derecho indiscutible de todo ser humano. Pero parece que la corrección política y la hipocrecía pueden más y están incluso por arriba de la dignidad de un ser humano. Fidel Castro no es el mejor gobernante que haya existido, ni en Cuba, ni en ningún otro lugar del mundo, pero si a Ozzie Guillén, manager de los Miami Marlins le parece admirable, por la razón que sea, tiene derecho a pensarlo y a decirlo.Guillén puede pensar lo que guste y decirlo, es su derecho, estemos o no de acuerdo son esas ideas.

Una vergüenza que lo hayan obligado a perder la dignidad en público para salvar su trabajo solo porque un puñado de ultraconservadores y retrógradas exiliados cubanos se sintieron ofendidos por sus dichos e ideas. Esos cubano-americanos poco han aportado al país que amablemente los acogió hace más de medio siglo; a lo mucho, y es un decir, han aportado odio, rencor e hipocrecía, pues viven pensando que lo único que vale la pena es vivir añorando con nostalgia la Cuba que era lupanar, basurero y peores cosas, de sus familias ricas, que ahora viven en Florida y se sienten dueños de la «VELDÁ».

Bobby Petrino

Bob Petrino. Entrenador principal del equipo de futbol americano de la Universidad de Arkansas que tuvo un accidente en motocicleta hace unos días y fue despedido porque no dijo que con él viajaba una joven de menos de 30 años que es asistente del equipo en algún sentido administrativo. Lo despiden porque aunque no lo digan abiertamente, creen que es inmoral e ilegal que un hombre maduro pueda tener una relación amistosa o de cualquier otra índole con alguien más joven. Prejuicio puro y resultado de la estúpida corrección política que azota desde hace años en Estados Unidos y buena parte del mundo. Ahora resulta que la edad es limitante para las amistades y más.

Mark Cuban-Lamar Odom. Al segundo lo han puesto en la congeladora de Dallas y si quiere volver a jugar en esta temporada, tendrá que esperar que otro equipo lo pida en cambio y además satisfaga las peticiones de los Mavs. Todo porque Cuban, el dueño del equipo, discutió con él un par de veces y la última a gritos luego de un partido en el vestidor. Cuban debería aprender que el deporte profesional es un negocio pero no puede manejarlo como sus otras empresas; en este paga a un coach para que decida y sea autoridad, y aunque él crea que sabe todo sobre basquetbol, el entrenador decide, sanciona y reclama a los jugadores. No solo es el insulto a Odom, sino el menosprecio a la autoridad del coach.

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