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Mucho Cuidado Ana

Texto enviado por José Luis Pérez

La llegada de Ana Gabriela Guevara al gobierno de la Ciudad de México podría ser, para algunos, un motivo más de sonreír pensando que las cosas pueden marchar mejor en el deporte capitalino. Para otros, tal vez sea el oportunismo de una ex campeona que lo único que pretende es darle cachetada con guante blanco a todo lo que huela al PAN, incluidos Carlos Hermosillo y Felipe Calderón, uniéndose a los eternos rivales del sol azteca.

Lo cierto es que la historia nos dice que nunca han sido buenas las experiencias de ex atletas que se unen a las autoridades capitalinas para algún cargo público.

El primero de ellos fue el famoso pugilista mexicano José “Pipino” Cuevas. El ex monarca mundial fue nombrado director de Promoción Deportiva de la delegación Gustavo A. Madero, en los tiempos en que el Distrito Federal era gobernado por Óscar Espinoza Villarreal.

Tras terminar su administración, la Procuraduría de Justicia capitalina detuvo a decenas de funcionarios que presuntamente estaban implicados en desvíos de recursos dentro de la demarcación. Entre ellos estaba Cuevas, a quien se le acusaba de peculado por 28 mil pesos.

A pesar de que tiempo después fue declarado inocente, la estancia de Cuevas en la cárcel lo marcó y manchó el probable ingreso de más atletas en el mundo de la política.

Tras su polémica participación en los Juegos de Sydney 2000, el marchista Bernardo Segura fue llamado para estar en el gabinete de Andrés Manuel López Obrador como titular del Instituto del Deporte del Distrito Federal.

Pero en el 2003, Segura fue investigado por una denuncia de tráfico de influencias. Se le acusaba de una presunta tramitación de visas norteamericanas para tres personas que habían sido acreditadas como empleados del Instituto, cuando se trataba de gente externa. Dicha solicitud estaba firmada por el mismo Bernardo Segura. Meses después renunció argumentando que la separación del cargo le iba a permitir dedicarse de lleno a su carrera, para tratar de poner en alto el nombre de México en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

Con estos “bellos” antecedentes, podríamos decir que la bienvenida de Guevara debe de ir acompañada de una carretada de suerte y otra más de muchos rezos, ya que nadie ha podido salir limpio de un cargo tan sencillo.

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