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“Perro” Aguayo, Una Leyenda Invencible

Marisa Pineda Santos es Licenciada en Comunicación y Periodista de amplia experiencia. Ha sido directora de comunicación de varias instituciones y ha trabajado para diversos medios desde hace más de 20 años. Dentro de sus virtudes se encuentra su afición desde pequeña a la Lucha Libre, llegando a ser hoy en día una experta de verdad. Nos honra en este ocasión con esta colaboración especial por motivo de la muerte del famoso luchador “Perro” Aguayo.

Hay equivocaciones que marcan de por vida. Cuenta la historia que el 10 de mayo de 1970, un joven de 24 años subía al ring para debutar en la lucha libre, pero al momento de llegar al cuadrilátero el anunciador se equivocó y en vez de pronunciar su nombre, Pedro, le llamó Perro. Así empezó la leyenda de Pedro “El Perro” Aguayo, el Can de Nochistlán, el Líder de la Manada.

La historia de Pedro Aguayo Damián es como la de miles de mexicanos que migran del medio rural al urbano buscando vencer a la pobreza. Nació en Nochistlán, Zacatecas, con su familia se trasladó desde muy niño a Tala, Jalisco y de ahí, ya adolescente, partió a la ciudad de Guadalajara en busca de mejor suerte. En Guadalajara se encontró con la lucha libre. Pupilo de Cuauhtémoc “El Diablo” Velasco, un todavía Pedro Aguayo Damián se preparó por años hasta debutar profesionalmente como pareja del Indio Jerónimo, en un combate contra Red Terror y Alfonso Dantes. En ese instante se definió su futuro.

Buenos luchadores hay muchos; sin embargo, no todos reúnen aptitudes y carisma, el Perro Aguayo poseía ambos. El mundo de la lucha libre está plagado de simbolismos, en el destacarse visualmente no es tarea fácil; entre capas, máscaras y botargas, cada una más multicolor y brillante que la otra, resulta complicado encontrar la forma de distinguirse. Igual sucede con los nombres y las rúbricas, esa música de anticipa el anuncio del luchador. A Pedro Aguayo le bastaron un calzón negro y unas botas peludas para sobresalir, y la Marcha de Zacatecas para advertir a sus adversarios de su llegada.

Durante tres décadas, la afición se rindió ante su depurada técnica. Abarrotó las arenas de México en cada lucha que dio, repitiendo la hazaña en todas sus giras internacionales. El público en Japón sucumbió ante sus botas peludas y su entrega en cada función, convirtiéndolo en un auténtico ídolo, fenómeno que se repitió en cada país que visitó.

Autor de la “lanza”, quizás el castigo más sencillo, como doloroso y efectivo, el Perro fue un gran cazador de cabelleras. En su vida profesional logró rapar a más de 100 rivales, conquistó más de 30 campeonatos internacionales y se alzó con casi una decena de máscaras.

Para la historia de la lucha libre mundial quedan sus enfrentamientos contra los entonces enmascarados Konan y Máscara Año 2000, a quienes destapó el año 1990 y 1992, respectivamente, en sangrientos combates cuyas imágenes son ejemplo de la lucha libre de a deveras. Para la historia quedan también los campeonatos que obtuvo haciendo pareja con su hijo Pedro Aguayo Ramírez, “El Hijo del Perro Aguayo”.

Siempre en el bando rudo, el Can de Nochistlán así como se hizo de triunfos se hizo de rivalidades. El año 2001 fue el año en que anunció su retiro de la lucha libre. Para su despedida de los encordados se pactó una batalla que la mercadotecnia llamó “El juicio final”. El rival fue Universo 2000, perteneciente al clan de los autonombrados “Hermanos Dinamita”. Universo 2000 es hermano de Cien Caras y de Máscara Año 2000, este último a quien el Perro humilló diez años atrás al ganarle la tapa. Vencer era un asunto de honor para la familia.

“El Juicio Final” fue a una sola caída, sin límite de tiempo. Rudo contra rudo. Más de 20 minutos de castigos entre ambos sin piedad alguna, y un polémico desenlace: Universo 2000 le aplicó al Perro la llave de la casa “el martillo negro”, una variación del “martinete” llave prohibida en la lucha libre mexicana por el grave riesgo, de funestas consecuencias, que implica para el oponente. Cuando Universo 2000 tomó al Perro por las piernas y lo puso en posición vertical, cabeza abajo, los 30 años de experiencia de Aguayo le dictaron abrazarse a las piernas de su oponente para amortiguar el impacto a las cervicales sabedor de que su cráneo sería azotado inminentemente contra la lona, como así fue. El réferi marcó las tres palmadas que en medio de abucheos, dieron el gane a Universo 2000.

En la lona el Perro permanecía inmóvil, sabedor del irreversible daño que podía significar cualquier movimiento. Con sumo cuidado fue colocado en una camilla e inmovilizado, no sin antes cumplir con el pago de su apuesta. Con la pericia que exigía la situación, el peluquero pasó la máquina y rapó al Can de Nochistlán. A medida que separaba los mechones se hacían más notorias las marcas de 30 años de  bailar con la muerte sobre los encordados. Con el rape las cicatrices en su frente crecían impresionantes al revelar las que había en el cráneo.

El Perro logró reponerse del daño de su lucha de despedida; sin embargo, otro mes de marzo, este del año 2015, le deparaba el más triste y doloroso de los castigos, en Tijuana, Baja California, su hijo, “Perro Aguayo Jr.”, fallecía como consecuencia de la lesión que sufrió en las vértebras cervicales, durante la función que ofrecía. Después del funeral, Don Pedro Aguayo Damián se cuestionaría “le dí todo a la lucha libre y no entiendo por qué me quitó lo más importante que tenía, a mi hijo”.

Después de ello, Don Pedro no estuvo en la escena pública. De cuando en cuando,  trascendía que su salud estaba mermada, aquejado por una infame enfermedad neurodegenerativa. Su vida profesional dio al Líder de la Manada un lugar en la historia de la lucha libre, le ganó el cariño de la afición y la estima de los medios de comunicación, que mostraron el aprecio respetando su silencio tras la muerte de su hijo.

Este 3 de julio, sonó la Marcha de Zacatecas para anunciar la llegada del “Can de Nochistlán” a otra dimensión. El coro “¡Perro! ¡Perro! ¡Perro!” que cimbró las arenas de México y del mundo retumbó para recibir al luchador en cuyo debut un error dio nombre a su leyenda: Pedro “El Perro” Aguayo.

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