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Un Mal Presagio

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Texto enviado por José Luis Pérez

Hace 20 primaveras todo era felicidad en Ciudad Juárez. La ciudad tenía apenas un año con un equipo profesional cuando consiguió llegar a la Primera División. El rival que habían vencido no era cualquiera. Se trataba de los Esmeraldas del León, que en ese momento era junto con América, Guadalajara y Cruz Azul uno de los cuadros con más campeonatos de liga en el balompié nacional, que por desgracia había descendido un año atrás.

Fueron cuatro temporadas agridulces en el Máximo Circuito, en los cuales lo único sobresaliente en el club fronterizo fue un subcampeonato de Copa ante Monterrey y que una mujer presidía a la institución chihuahuense. El sueño se les terminó en 1992, cuando se quedó a cinco puntos de los penúltimos lugares: los Leones Negros y Tecos. Fue entonces que, ya en la división de ascenso, el cuadro de Cobras decidió ir con todo para subir de nuevo, pero tras quedar eliminado por Zacatepec y el no ser un buen negocio ya, terminaría desapareciéndolo en 1994.

Pero 20 años después, otra escuadra avecindada en Juárez ha colocado a la ciudad en la elite del futbol mexicano, otra vez venciendo a los Panzas Verdes del León, con un pequeño sabor a revancha por lo que se dejó de hacer hace algunos años.

Esta historia parece estar reflejada en nuestra propia realidad: Dorados. También el equipo subió a Primera con sólo un año en territorio sinaloense. Una ciudad virgen en cuestiones de balompié profesional, venciendo en la final al cuadro esmeralda. Hubo altibajos en el camino de los del Humaya, disputando cuatro torneos (al igual que Cobras) dentro de esa rama, con dos títulos de goleo de Sebastián Abreu como máximos logros. Descendió con una mínima diferencia con San Luis y Veracruz. Ha tratado de subir sin mucho éxito ya en dos años dentro de la Primera “A” y está a punto de desaparecer porque ya no es negocio para su dueño.

Ojalá y no tenga que tardarme 20 años para escribir que un equipo sinaloense volvió por fin a la crema y nata del futbol mexicano, como sucedió en la zona fronteriza. Así como hay que aprender a ser aficionado y periodista profesional, también hay que enseñarse a ser directivo y a aguantar los malos ratos que da la vida.

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