Temas y Deportes Diversos

Un Viejo Anhelo

Texto enviado por José Luis Pérez

Dos pequeños jugaban en una improvisada cancha hecha de lodo seco que seguramente se iba a convertir en charco para agosto. No tenían un balón ni unos zapatos que los hicieran emular a aquellas estrellas que miraban en la única televisión del pueblo, pero un pequeño bote relleno de periódico y sus remendados tenis de tela (cuando estaban de estreno), eran suficientes para llenar su hambre de distracción.

Dos palos de madera podrida, que habían quedado como fieles testigos de que alguien les prometió la moderna luz eléctrica y no se los cumplió, fueron la portería que enmarcaría el partido del siglo entre dos soñadores. Apenas habían iniciado eso que los niños llaman “gol-para” (el que anote se pone de portero), cuando vieron que un viejo indigente se acercó hacia ellos y se sentó para observarlos jugar.

Los pequeños continuaron su partido, pero segundos después pararon al sentirse vigilados. “No se detengan, jueguen”, señaló aquel hombre, quien a pesar de sus palabras de aliento sólo les brindaba desconfianza a los infantes. Al ver que ellos se iban a ir de ahí, el vagabundo sacó de entre sus pertenencias una playera de futbol y se las mostró.

“Fui parte de los mejores equipos de este país. Tuve éxito, fortuna, reflectores, todo. Por desgracia, la mediocridad me comió cual cáncer de impotencia y ceguera. El alcohol, las drogas y todas aquellas riquezas falsas que se desbordaban fueron mi propia tumba. Hoy no tengo amigos, ni familia, ni pretensiones, más que mi única pasión: el futbol”, mencionó aquel viejo,

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