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Y Se Hizo la Leyenda

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Texto enviado por José Luis Pérez

Corría el año de 1992. Todo mundo sabía que ese 5 de diciembre no iba a ser un día normal y, vaya, no se equivocarían.

La cancha se veía hermosa. Las tribunas del Nou Camp se empezaron a tapizar con camisetas esmeraldas, así como algunas azulcremas. La opinión sobre el marcador final de ese partido también estaba dividido, pero con la camaradería que engalanaba el balompié nacional.

Y poco a poco fueron entrando al campo los dos equipos que tenían el orgullo como pretexto para batirse en un apasionante duelo: León y América.

No eran figuras, sino “inmortales” del futbol los que pisaron entonces ese césped lleno de historia, prosapia y tradición. Hugo Sánchez, Germán Martellotto, Cecilio de los Santos, Guadalupe Castañeda, Milton Queiroz “Tita”, Enrique López Zarza, Gonzalo Farfán y Alejandro “El Gallo” García, entre otros. Apenas se podía ver entre los 22 iniciales a un incipiente jugador de tan sólo 19 años: Raúl Rodrigo Lara.

Comenzó entonces el encuentro. Durante el primer tiempo, pocas emociones se dieron en los arcos. León, entonces campeón defensor dirigido por Víctor Manuel Vucetich, tenía que arriesgar más. Estaba ante su afición y el triunfo era tan obligado como complicado.

Miguel Ángel “Zurdo” López, timonel americanista, volteó hacia la banca, tratando de encontrar una solución para abrir el difícil esquema de los Panzas Verdes.

Fue entonces que decidió sacar del terreno de juego a Lara, sin saber a ciencia cierta cuál podría ser la mejor elección para suplirlo.

Volteó hacia los suplentes, donde la juventud era mayoría. De pronto, miró a uno de sus muchachos, callado, introvertido. Éste ni siquiera había debutado en el máximo circuito. Tenía apenas unos meses con el primer equipo y prácticamente la poca actividad la había tenido con el equipo de tercera división.

Este joven, de apenas 19 años, fue llamado por López. le dijo que acelerara el calentamiento para que entrara al campo a darle balones a Hugo Sánchez.

Entonces, el flamante debutante, con su número 37 en la camiseta, se levantó y se acercó a la banda, para pedirle al árbitro su entrada al campo e iniciar una leyenda: Cuauhtémoc Blanco.

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